
Las manos le sudaba y su corazón se aceleraba, sus ojos se dilataban mientras la botella seguía girando. Era un simple juego de botella para algunos pero para el es lo que le abriría paso al mundo de la adolescencia, ahí estaba ella era la más popular ojos azules, cabello rubio, tes blanca y un cuerpo en pleno desarrollo y a su lado su mejor amiga cabello negro y lacio, ojos verdes, tes pálida y cuerpo normal.
Mientras la botella se iba parando el rogaba que le tocara la linda rubia y a la vez rogaba que no le tocara la chica de cabello lacio pero el destino tenia algo preparado para el…
…sin decir una palabra y viéndose a los ojos “7 minutos en el paraíso”, se llamaba el juego
-si claro- dijo en voz baja, pues estaba en el armario con la chica equivocada
-se supone que debemos besarnos- dijo la chica en voz baja, pues él era su sueño, le amaba tanto que manipulo la botella con 2 pequeños imanes
-no haremos nada, no debemos de estar juntos, yo debo de estar con tu amiga- dijo sentado en el suelo con los brazos cruzados haciendo un pequeño puchero.
-si quieres te puedo ayudar- dijo viendo su oportunidad.
-¡¿puedes?!- se levantó y la tomó de los hombros –¡¿dime como?!- y así pasaron sus 5 minutos restantes haciendo un plan.
4 largos y duros meses pasaron para que funcionara y cada vez que la rubia se interesaba mas en él, él le daba un pequeño beso en su pálida mejilla.
-si esto es ahora, me besara cuando sean novios- decía ilusionada frente al espejo, pero jugo mucho con su suerte.
Y ahora ahí estaba, con un vestido rosa “adorable”, presenciando la ceremonia de su mejor amiga y el amor de su vida. Había aguantado el llanto el día que se enteró, los meses que lo estuvieron planeando y el momento en que le ayudó a ponerse el vestido, pero de una cosa estaba segura, de que soltaría la primera de muchas lágrimas cuando oyera la frase:
-puede besar a la novia-.
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